El Ramadan Egipcio


Ramadán en Egipto


Estamos ya empezando el mes de Ramadán, el noveno mes lunar del calendario musulmán. Durante treinta días, musulmanes de todo el mundo conmemoran en cuerpo y alma la revelación del Corán a través del ayuno, la abstención y, sobre todo, la oración. Son días de ajetreo, sobre todo durante las horas nocturnas, pero también de sosiego, calma y concentración. Ramadán Karim (Generoso Ramadán) se respira mucho más en los países claramente musulmanes, como es el caso de Egipto, donde a nadie le pueden pasar desapercibidas estas fechas.  
Un Ramadán a lo egipcio
No hay nada mejor que pasar este mes en un país como Egipto. A eso de las 6 ó 6,30 de la tarde (cuando se pone el sol), los muecín lanzan desde los minaretes la llamada que da paso al Iftar, la primera comida del día. Iftar significa ‘desayuno’ y es bastante curioso si nos fijamos en la palabra des-ayuno ya que prácticamente mantiene el mismo sentido y lo mismo ocurre con la palabra break-fast (romper-ayuno) en inglés o dé-jêuner (des-ayuno) en francés.
En Egipto, tras llenar los estómagos y reunirse en familia o con amigos, las calles se abarrotan de gente en su máxima plenitud y alegría. Los niños lanzan los petardos que acaban de comprar con su propina (billetes nuevos flamantes que los mayores se encargan de cambiar antes en el banco) y corretean de un lado a otro molestando a los adultos que durante este tiempo ni siquiera se preocupan en lanzarles una mirada de llamada al respeto. Todo el mundo se despreocupa un poco del orden… a veces resulta igual de caótico salir después del Iftar que justo antes de éste, porque no hay taxi que haga carrera y el tranvía para dondequiera que esté durante unos minutos para almorzar. Es lo mismo que pensar en comer algo durante el día, puesto que pocos establecimientos venden comida.
La fiesta y la algarabía continúan hasta bien entrada la madrugada.
A eso de las 3 am, en algunos barrios, un niño acompañado de su padre se encarga de alertar a los que duermen de que es su última oportunidad para echar el último bocado antes del amanecer, de tomar el llamado As-Suhur. Lo hace ayudándose de un tambor o cualquier artilugio que haga ruido. Es el tamborilero a lo musulmán.
Otra costumbre muy extendida en Ramadán es la limosna. Durante este mes no deberíamos negar una pequeña cantidad de nuestro dinero a aquéllos que nos lo piden. Se preparan lugares de hospicio para dar el Iftar solidario a los que no tienen hogar o no pueden permitírselo.
Y, todo este escenario, hay que verlo con calles adornadas con farolillos o cintas de colores brillantes, luces y flores… Pero entre este mundo decorativo destaca el fanus, algo típico de El Cairo pero que se ha extendido por todo el país y que no es otra cosa que un farolillo, hecho a mano con papel trasparente de colores que dejan pasar la luz de una bombilla que se coloca en su interior, pudiéndose así leer sus inscripciones.

Ramadán no es una fiesta con fecha fija, se guía por el calendario lunar, así pues, el año que viene será un poco más sufrido porque será en el mes de agosto. Pero más debió sufrir el profeta Mohamed en este sagrado mes…
En el año 610 de la Era Cristiana, Mohamed dormía en sus aposentos cuando tuvo el ángel Gabriel (Yibril) se le apareció en sueños ordenándole que leyera un paño que llevaba algo escrito. Mohamed aturdido dijo que no podía leer!, pero Yibril insistió firmemente, ¡lee! Finalmente Mohamed preguntó ¿qué he de leer? A lo que Yibril respondió: ¡lee con el Nombre de tu Señor que ha creado, que ha creado al ser humano a partir de un coágulo! ¡Lee, pues tu Señor es el más generoso, el que ha enseñado con el cálamo, ha enseñado al ser humano lo que no sabía!
Despertó de su sueño y se encaminó hacia el monte donde de repente tuvo una aparición, era el ángel Yibril que le decía: :-“¡oh Muhammad, Tú eres el enviado de Dios y yo soy Yibril!
Esta es la llamada noche del destino (lailat al qadr) que se celebra una de las noches de Ramadán y supone el nacimiento del Islam. Lo místico de esta historia es que pocos saben cuando se celebra exactamente porque solo aquéllos que ven la señal pueden advertirnos…
Algunos dicen es hoy, esta mañana el sol no quemaba mis ojos, otros dicen es esta noche por ser una de las más placenteras, ni calor ni frío … Para solventar este misterio se suelen celebrar todas las noches impares a partir del 21º día o la noche 27ª. Es la parte mística, como os decía.
Aunque lo más importante es la entrega, que se va incrementando en los últimos días de Ramadán, días en los que raramente se puede caminar por las calles aledañas a las mezquitas más populares en las horas de oración, días en los que la alegría estalla en júbilo y algún niño le comenta al otro ¿Sabes? El año que viene ayunaré, me lo ha dicho mi mamá.
Muchos turistas a veces me hablan del Ramadán como un mal mes para visitar los países árabes. Yo les digo que, sufridas algunas circunstancias de orden práctico a la hora de viajar, queda disfrutar de este fantástico momento. Y, ¿porqué no? probar a realizar el ayuno y la abstención como un musulmán. De todos modos, Jesucristo también ayunó; y muchas de las Santas y Santos lo practicaban con asiduidad.

El momento invita y la felicidad es contagiosa... Hablando de felicidad, hace unos días se me ocurrió preguntarle a un amigo beduino porqué los camellos parecen estar sonriendo continuamente. A lo que me contestó, él también sonriendo: Porque conocen el 100º nombre de Allah.