El Cairo Destinto



SI hay varias maneras para ver El Cairo:
Aqui se ve un Cairo difrente en los ojos de participantes : facebook

Nuestra amiga Habla sobre otro Cairo con ojos diferentes:

Mirando El Cairo con los ojos de Atef
 
Hay muchas formas de viajar, tantas, seguro, como personas se deciden a ello. En la multitud de viajeros habrá maneras que coincidan, lugares comunes, sensaciones similares o emociones que conecten; también las habrá dispares, totalmente contrarias, molestas incluso para quien no las comparte. Hay quien emprende travesía para que el periplo le afecte, le conmueva, le enseñe, le transforme y le cosquillee el alma; hay quien sólo hace las maletas para sumar un destino más en la lista o para seguir embadurnando el álbum de fotos.
Con los cinco sentidos
Entre las múltiples posibilidades el viajero podrá, si quiere arriesgarse, percibir la esencia del lugar que ha elegido pisar; exponer todos sus sentidos para mirar lo que ofrece; para oler sus esencias –las deliciosas y las apestosas-, para tocar la piel que gasta; para escuchar como suena, como grita y se lamenta o como ríe; para saborear lo que regala al paladar y masticarlo hasta digerirlo, aunque empache.
El Cairo, la capital de ese Egipto de faraones, dioses, dinastías, jeroglíficos, templos, tumbas, tesoros, desierto, pirámides, el Nilo inconmensurable y una historia que sobrepasa a quien intenta asimilarla en unos días, tiene todos los ingredientes para estimular los sentidos, pero los tiene si alguien se ofrece de manera espléndida para mostrarlo como merece, sin maquillajes ni fraudes, con la honestidad de una ciudad que vive como es, con sus cairotas abarrotando sus calles, con su riqueza patrimonial y con la pobreza de tantos. El Cairo sale de la Ciudadela y de Kan kahili para posarse en toda su extensión sin pudores, esperando que se vea, que se pise, deseando no pasar inadvertida. Toda esa fuerza que acumula esta urbe de más de 20 millones de habitantes se absorbe cuando te empujan a conocerla.
Enseñar y aprender para desterrar prejuicios
Atef Mohamed Sayed fue nuestro cicerone. Tiene 26 años, es un universitario cairota, estudiante de español que acompaña el viaje de quien quiere conocer, de manera auténtica, El Cairo, la ciudad donde ha nacido y vive, con lo que le encanta de ella y también con lo que aborrece.

Atef sabe cómo funcionan las agencias y no le gusta cómo trabajan, mucho menos lo que enseñan al turista. Y ofrece alternativas. Dice, y es cierto, que le gusta aprender de la gente que llega; se nota, a pesar de su timidez, en las conversaciones que mantiene y en cómo escucha, pero también quiere que los que llegan aprendan de él. Y lo consigue. Enseña más que un recorrido por los lugares acordados para la visita.
El Cairo, Egipto, la cultura árabe o la religión islámica son mucho más que lo que muestran las guías de viaje, los informativos que vemos o el National Geografic Channel. Atef sabe que llegamos, generalmente, cargados de prejuicios y quiere romperlos. Quiere cambiar la idea que se tiene de su país, rompe una lanza a favor de los egipcios, mostrar que no sólo se mueven por dinero, aunque el regateo como transacción comercial forme parte de su mecánica de negocio y a nosotros nos resulte tedioso.
Sabe que tenemos mil y un estereotipos sobre el Islam y que en occidente, de manera mayoritaria, se piensa en ellos como terroristas, y no le gusta y cuenta y explica y argumenta con definiciones y visitas cuál es la esencia de su credo para quien quiera escucharlo. Por eso, te lleva a una mezquita y escuchas como rezan y si quieres, con el sonido de su oración, aunque no sea la misma que la tuya, ni entiendas la plegaria que lanzan, te sentirás en paz y en calma mientras tañe, de manera acompasada en todas las mezquitas de la ciudad, la llamada que sugiere detenerse un rato en el camino mientras el sol se desliza en el horizonte tiñendo de color la vista.
La vida palpita en El Cairo
Atef enseña la vida cotidiana de El Cairo porque la vida late en esta ciudad al margen de los monumentos y los carteles que guían al turista en manada para que saquen la foto en frecuencias de tiempo planificadas. Te muestra sin tapujos lo mejor y lo peor de El Cairo. Recorre contigo kilómetros para introducirte en el desierto y contemplar cómo éste se mezcla en el paisaje con un mar de palmeras mientras contemplas la majestuosidad de las pirámides. Te lleva a sus restaurantes para que comas su comida, a un bar escondido en un callejón para tomar un té con los autóctonos y fumar una cachimba mientras el ruido de los cláxones sigue taladrando los tímpanos aunque sea de madrugada, pero la conversación se alarga como en cualquier bar de cualquier lugar donde uno se reúne con unos amigos. Te acerca a un patio con encanto para que disfrutes y te emociones, sin pasar por caja, con el espectacular baile de los derviches, con su ímpetu, con su música, con la vorágine de colores que desprenden los movimientos y la estética de esta danza que posee y desprende una fuerza casi mística. Y antes de dormir, si el viajero está de acuerdo, te sube en un velero para recorrer el Nilo a oscuras y escuchar su murmullo y enfrentar las estrellas al skyline de esta ciudad que no duerme nunca. Te invita a un zumo natural en uno de los cientos de puestos callejeros donde al instante convierten un mango o la caña de azúcar en el brebaje necesario para recuperar la energía que se va desgastando en el intenso paseo por las calles mientras observas cómo caminan, cómo sortean el tráfico, cómo trabajan los niños o cómo las mujeres cargan enormes paquetes sobre su cabeza escondiendo su rostro bajo el pañuelo. Se sube contigo en un taxi moderno o en una furgoneta destartalada para saber cómo se mueven, para que la adrenalina no se agote al sentarse. Y te baja del coche en la ciudad de los muertos para ver, sin el cristal como tamiz, cómo viven esos miles de personas que han convertido, por pura necesidad, las tumbas en sus casas y comprobar, aunque escuezan las entrañas, cuál es la realidad de una vida que transita, por pura injusticia, en la miseria; donde la basura se amontona como parte del atrezzo y los niños se emocionan ante un bolígrafo o un caramelo que no saben si quiera cómo se come.
Oxígeno para el alma
Atef no pide ni impone. Sugiere lugares y rutas o te asesora al mirar la carta antes de comer. Ha sido la compañía necesaria para conocer la esencia que palpita en El Cairo. Te explica lo que ves y responde a todas las preguntas. Se ríe y se introduce en el grupo y espera sin desesperarse cuando hay que consensuar decisiones y describe con detalle la realidad y la idiosincrasia de un país, el suyo, que más allá de su descomunal historia es uno más en este siglo XXI que compartimos, aunque la soberbia de quienes estamos al norte nos haga, como en tanto otros casos, mirar hacia otro lado o contemplarlo sólo como un lugar repleto de monumentos portentosamente fotogénicos.
Hay muchas maneras de viajar y Atef ha permitido que la nuestra sea distinta, que el viaje nos haya conmovido, emocionado e impactado al enfrentarnos con todos sus contrastes, porque la realidad cuando se muestra al desnudo, transparente, no es farsante y sólo así no deja indiferente. Tenemos muchas fotos pero sobre todo tenemos la retina empapada, la mente ha abierto sus ventanas y el alma ha hecho catarsis porque se lo ha permitido.

(Lo acompañaríamos de fotos y de un recuadro con toda la información de contacto de Atef, apuntando que se ofrece a españoles e ingleses)

No comments:

Post a Comment